A menudo oímos hablar de la ansiedad, una palabra que se conoce habitualmente como asinónimo de miedo, estrés, angustia o pánico, o lo que es lo mismo: cuando nos sentimos amenazados, indefensos o en peligro.
En la vida cotidiana debemos enfrentarnos a dificultades y situaciones que superamos, a menudo, gracias a nuestro nivel de ansiedad. Pero, hay momentos en que, cuando se sobrepasa un cierto nivel de ansiedad, puede resultar un problema como: disminución del rendimiento, parálisis o limitación para vencer situaciones difíciles.
La ansiedad es una función primordial del cerebro que nos permite afrontar con éxito los cambios que se nos presentan en la vida. Es importante cuando nos permite remontar de la mejor manera distintos obstáculos, pero cuando nos paraliza o no nos permite vencer con eficacia una dificultad o un cambio, se convierte en una enemiga patológica.
Si tenemos confianza en nuestra capacidad para adaptarnos a los cambios y responder a ellos, podremos evitar ser víctimas del malestar con el que se manifiesta la ansiedad. El estado de ansiedad o angustia ha aumentado en nuestra sociedad, así como la inadaptación que genera y, en consecuencia, la necesidad de ayuda para las personas que la padecen.
La ansiedad es una forma de reacción defensiva contra aquellos estímulos que pueden provocar un desequilibrio psicofísico, una respuesta a los estímulos susceptibles de generar algún cambio en nuestro equilibrio psicológico. Esta modalidad defensiva puede presentarse en forma de tres fenómenos diferentes: la ansiedad propiamente dicha, que es expresión de anticipación de peligro; el miedo, que es la respuesta a un peligro externo, y el pánico, que es la expresión de la respuesta a un peligro interno del organismo.
El acondicionamiento al miedo es un mecanismo mediante el cual nuestra mente aprende a prevenir situaciones de peligro sobre la base de nuestras experiencias, pasadas y presentes, a fin de gestionar un futuro mejor.
La preocupación excesiva es la principal característica del trastorno de ansiedad generalizada. Normalmente, la persona quiere tenerlo todo bajo control, para anticiparse así, a los posibles peligros. A menudo vive en un estado de tensión psicofísica y de alarma que acaba dejándola completamente extenuada.
La persona ansiosa está tan centrada en adelantarse a los peligros que no aprende de las experiencias positivas que vive. El verdadero mal se produce a través de las conductas defensivas de miedo y de la evitación de quien sufre estos ataques.
La consecuencia final es la pérdida de la propia libertad y autonomía perseguirla con situaciones de la vida cotidiana. En el momento en que nos sentimos limitados, es importante buscar apoyo psicológico para superar este obstáculo.